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CÁDIZ DESDE LA BAHÍA

La ciudad de Cádiz es de fundación fenicia, probablemente hace tres milenios, remontándose a dicho periodo el culto a Melkart, antecedente fenicio del Heracles griego y del Hércules romano. Gracias a su excepcional bahía, abierta al océano Atlántico e inmediata al estrecho de Gibraltar, se convirtió durante el siglo XVIII en el principal puerto español, monopolizando el comercio americano entre 1717, año del traslado de la Casa de Contratación desde Sevilla, y 1778 en que se autorizó a diversas ciudades, entre ellas Almería, para su comercio con aquel continente.


Durante los siglos XVIII y XIX la Junta de Sanidad de la plaza de Cádiz emitió numerosas patentes de sanidad encargadas a artesanos de habilidad diversa y, en algunos casos, a extraordinarios artistas que dejaron muestra de su calidad. Cuatro patentes emitidas los años 1723, 1745, 1768 y 1784, incluyen el escudo de Cádiz, con Hércules, cubierto por la piel del león de Nemea, sujetando por las crines a dos que representan simbólicamente Europa y África, el conjunto aparece orlado por la leyenda: “HERCVLES FVNDATOR ET DOMINATOR GADIVM”.



En este escudo, que adquiere gran protagonismo en la patente de 1745, se inspiró Blas Infante para establecer en 1918 el de Andalucía.


La vista de pájaro muestra desde la bahía el frente marítimo de Cádiz, entre las columnas de Hércules, envueltas por la leyenda, “NON PLVS VLTRA”, sobre ellas aparecen los santos Germán y Servando, naturales de Mérida y mártires desde el siglo IV.



Sobre la plaza aparece en la patente de 1723 Jesús Nazareno, regidor perpetuo de Cádiz desde el año 1681, y Santa María Magdalena, por haber salvado la ciudad de la peste; aunque este conjunto no vuelve a figurar en los documentos comentados.



La patente emitida en 1768, al parecer de un grabador denominado Niño, sin otra obra conocida hasta ahora, muestra la ciudad de Cádiz, adornada por el escudo y el santoral, que suma en otra columna situada entre las de Hércules, a San Francisco Javier, a partir del año 1706 copatrono de la misma. Bajo un sol radiante, el conjunto figura orlado por un elaborado marco rococó que incluye el viento, anclas, cornucopia y adornos vegetales.



Finalmente a partir de 1789, aunque continuaría emitiéndose en los primeros años del siglo XIX, el grabador Díaz, acaso fray Hernando Díaz de Valderrama, ideó una patente donde la vista de la ciudad queda confinada a su extremo izquierdo. El protagonismo lo adquiere un retablo, situado en la otra orilla de la bahía, donde figura San Francisco Javier en lugar predominante, bajo el escudo de la ciudad. También aparecen San Servando y San Germán, encadenados, con palma de martirio y crucifijo, flanqueados por las columnas de Hércules, cuya leyenda queda reducida a: “PLUS ULTRA”.


De confín terráqueo, que disuadía desde la antigüedad a quienes buscaran superarlo, las columnas de Hércules se convierten a finales del siglo de la Ilustración en puertas abiertas que incitan a ampliar el conocimiento. Todo un símbolo de aquellos tiempos.


Antonio Gil Albarracín

Doctor en Historia

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