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ENCAJE DE PAPEL

Actualizado: abr 10

De la documentación asociada a las patentes de sanidad, que a menudo destacan por la heráldica que los adorna y valida, se deducen historias generadas por las filias y las fobias de los hombres, sujetas a los azares derivados por la acción de la naturaleza.


El año 1791, dos después del estallido de la Revolución Francesa se desencadenaron las Guerras Revolucionarias que asolarían los campos europeos hasta que el año 1815, tras la derrota de Napoleón Bonaparte en la batalla de Waterloo y su confinamiento en la isla de Santa Elena, se concluyó la sucesión encadenada de conflictos internacionales, hasta que nuevamente volvieran a estallar otros.


De los primeros meses del inicio de aquel conflicto, cuando España y Holanda se encontraban en el mismo bando, se conserva entre los documentos del Archivo Municipal Adela Alcocer Martínez de Almería una patente de sanidad emitida el 22-1-1792 en la población de Zierikzee, en la isla holandesa de Schouwen, a un bergantín de dicha nacionalidad titulado Frecde, al mando del capitán Gideón Jansen, con siete tripulantes; el impreso estaba redactado en latín, lengua franca de la Cristiandad entonces.


La embarcación había de zarpar para transportar trigo, queso y otros efectos a la plaza de Barcelona.


Casi dos meses más tarde, navegando el citado bergantín por aguas del mar de Alborán la noche del 19 al 20 de marzo se vio sorprendido por una recia tormenta que le hizo embarrancar en la inmediación de la torre de los Cerrillos; todos los tripulantes lograron salvarse, pero probablemente se perdió la carga que transportaba la embarcación.


La torre de los Cerrillos, a poniente de la población de Roquetas de Mar, era uno de los hitos del dispositivo de alerta para la defensa de la costa del reino de Granada y sus guardas notificaron dicho naufragio a la Junta de Sanidad de la jurisdicción, residente en la plaza de Almería.



Dos días más tarde los delegados de la Junta de Sanidad se trasladaron desde Almería a Roquetas de Mar para tomar razón del desastre y controlar el estado de los náufragos y la patente de sanidad que les fue entregada. En el interrogatorio realizado al capitán declaró que el navío no había tocado puerto alguno ni mantenido contacto durante la navegación con nave sospechosa alguna, como confirmó el resto de la tripulación.


Sometidos los náufragos a revisión de su estado a por el médico que acompañaba dicha delegación, no halló indicio alguno de enfermedad, por lo que fue autorizada su libre circulación y comercio con los naturales.



Para dotar a la embarcación de la preceptiva patente de sanidad en el puerto de origen se había hecho servir una plantilla impresa, sin imágenes grabadas, que se completó con los datos precisos a mano y quedaría autentificada con dos sellos en seco, uno de la provincia de Zelanda y el otro de la población. El documento se completa con otro escudo en papel sobre cera, probablemente reiterando el de la población, enmarcado por un texto circular; el citado escudo se completa con un asombroso encaje perimetral en el que, bajo una corona, se suceden anclas y cañones insertos en guirnaldas geométricas y vegetales, que sorprenden por su calidad y finura, testimonio de una artesanía de excepcional calidad.

Antonio Gil Albarracín

Doctor en Historia

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