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TORTOSA (TARRAGONA)

Situada en el tramo final del Ebro, Tortosa fue durante siglos el único puente que permitía cruzar dicho río entre Zaragoza y el mar, de ahí su importancia estratégica, por lo que en dicho emplazamiento se situaron sucesivamente una población ibérica, la Dertosa romana y a partir del siglo VIII la Turtusha islámica, incorporada por Ramón Berenguer IV el año 1148 a la corona de Aragón, episodio de la Segunda Cruzada, predicada por el papa Eugenio III el año 1146, en la bula Divina dispensatione, que extendió los beneficios espirituales otorgados a los cruzados que colaboraran en la recuperación de las tierras orientales de Palestina, a quienes se enfrentaran al poder islámico en cualquiera de sus territorios occidentales. Resultado de esta política fue la conquista de las ciudades de Lisboa, Faro, Almería y Tortosa. Lisboa y Tortosa se incorporaron definitivamente a la Cristiandad, Almería y Faro volverían a poder almohade, hasta su definitiva incorporación a los respectivos reinos de Castilla y Portugal.


La ciudad de Tortosa durante siglos sirvió como puerto fluvial, que aparece en la vista de pájaro que encabeza la patente de sanidad emitida el 4-9-1804, con el río poblado de embarcaciones a vela y remo, la población en su orilla izquierda y en la opuesta se aprecia parte del revellín que defendía el puente de barcas que cruzaba el río.

Patente de sanidad emitida por Tortosa (Tarragona) el 4-9-1804 con su caserío a orilla del río Ebro y puente de barcas, bajo la protección de su sacra reunión

En el panorama de la población se sucede el caserío, intercalado por las torres y cúpulas de sus iglesias, destacando especialmente la de la catedral de Santa María. La ciudad está defendida por fortificaciones, destacando las del sector de Remolinos/Remolins y el castillo de Sant Juan de la Zuda o Sant Joan de la Suda, actualmente Parador Nacional de Turismo. Entre las defensas exteriores aparecen el reducto de las Tenazas o fortí de les Tenasses y las fortificaciones del Sitjar.

La citada patente de sanidad muestra sobre la ciudad la protección de una reunión sacra presidida por la Virgen de la Cinta, flanqueada por los santos Ángel Custodio, Candia o Cándida, Córdula y Roque, en sus respectivos círculos orlados de cenefas vegetales.


La Virgen de la Cinta es advocación de la Virgen María que, según la tradición, el año 1178 entregó una cinta a un sacerdote desconocido; desde entonces ha recibido culto. Patrona de Tortosa desde el año 1863, dispone de una notable capilla en la catedral, cuya construcción se inició el año 1672. Aparece representada con la cinta en sus manos y corona orlada por ráfaga radiante.

San Roque, natural de la ciudad francesa de Montpellier, debió de vivir a salto entre los siglos XIII y XIV, vivió como ermitaño y peregrino, padeció la peste y desde el siglo XIV es considerado, junto a san Sebastián de Milán, patrono de los enfermos que la padecen; aparece barbado, con bordón y veneras, mostrando un bubón de la peste que padeció, junto a él un perro con pan en la boca.

El santo Ángel de la Guarda, también se le denomina Ángel Custodio. Las civilizaciones sumeria, babilonia, egipcia, griega y romana ya contaban con mensajeros divinos equiparables a los ángeles. Su existencia en el Cristianismo se fundamenta en la Biblia, pero su carácter fue descrito por el teólogo bizantino Pseudo Dionisio Areopagita hacia el siglo V o VI en su obra: De Coelesti hyerarchia. En el siglo XVI se convirtió en culto popular en España, por atribuírsele haber recibido de Dios la misión de proteger, guardar y guiar a los fieles para lograr, tras su fallecimiento, el ascenso al Paraíso. El papa Paulo V, a partir del año 1608, extendió su culto entre la feligresía católica.


Santa Cándida o Candia, mártir es probablemente legendaria, pues según la tradición fue martirizada en Colonia entre los siglos III y VII, sin mayor precisión. Desde el siglo XIV la catedral de Tortosa custodia reliquias que se le atribuyen. Aparece representada con un libro abierto en una mano y la palma de martirio en la otra.


Completa la sacra reunión santa Córdula mártir, presunta vecina de Colonia, según tradición imprecisa fue martirizada a comienzos del siglo IV, en una de las persecuciones ordenadas por los emperadores romanos, o a mediados del siglo V por los hunos. Reliquias suyas fueron trasladadas durante el siglo XIV a Tortosa, donde recibe culto, siendo igualmente representada con libro abierto y palma de martirio.

© Antonio Gil Albarracín

Doctor en Historia

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